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lunes, 18 de junio de 2012

Cuestión de fe

A la vista de esta periapical poco podríamos decir qué pieza es el origen del dolor que motivó la consulta urgente de un paciente adulto. Puede afirmarse que en esta imagen diagnóstica no se aprecia ningún cuadro dental típico por lo que se pudiera pensar en otros tipos de patologías que pudieran producirle dolor en la zona del maxilar al paciente (lo que a los sanitarios nos gusta llamar diagnóstico diferencial.)

Ante la insistencia del paciente que venía de haber peregrinado durante más de tres semanas por los distintos centros de urgencias de la zona (sin resultado más efectivo que el par de horas de alivo tras cada intramuscular que le colocaban) me pide que le extraiga la pieza.

He de admitir que pensaba que era una cuestión de sobrecarga por apretamiento combinada con un estado estresado del paciente (el cual, incluso aquejado de dolores no dejaba de atender y llamar por teléfono encargando algo para su negocio de manera urgente). Es conocido que el estrés disminuye el umbral del dolor (hace que nos duelan cosas que normalmente soportamos) y de ahí la ponderación en la sintomatología de la que mi paciente aquejaba.

Tomé la precaución de anestesiar previamente al paciente y una vez le hizo efecto la anestesia examiné la pieza. No me llevó ni cinco segundos dar la razón al paciente y realizar la extracción dental.

En estas imágenes se aprecia perfectamente cómo el paciente había fracturado verticalmente la pieza con la mala fortuna de atravesar la cámara pulpar por lo que el dolor que estaba sintiendo debía de ser realmente apabullante.

Al terminar mi trabajo mi paciente me contó cómo, años atrás había partido también otra pieza homónima a ésta en el otro lado y que por éso había sabido reconocer los síntomas. Remató mi paciente la faena diciéndome que yo (y en general todos los médicos que le había atendido) sabrían mucho de Medicina, pero que él, como en el dicho, sabía más por viejo que por diablo.

Dejo aquí esta pequeña reflexión para que nos sirva de recuerdo a los sanitarios sobre la necesidad de saber mezclar los conocimientos médicos con la suficiente empatía que nos permita entender al ser humano que acude a nosotros pidiendo ayuda para solucionar un problema.

Un saludo cordial.


martes, 15 de mayo de 2012

Una reflexión filosófica...

M.Kundera: "pienso, luego soy es la frase de un intelectual que menospreciaba el dolor de muelas"



"Pienso, luego existo" es una sentencia que en el siglo XVII dio pie a René Descartes a crear una corriente filosófica que empujó a la Humanidad hacia delante a grandes velocidades en campos como las Matemáticas.
Recuerdo a Descartes porque se entendía mucho mejor que muchos predecesores helénicos (algo más obtusos) y por supuesto que las corrientes que llegaron después, y creo que es un muy buen punto de contacto para que cualquiera, veáse un servidor, se aproxime al mundo de la filosofía.
Es por ello que quizás me he tomado de manera demasiado personal este hallazgo, tanto como para resucitar a las teclas de mi viejo portátil y machacaros con una nueva entrada.
Ante todo Descartes nunca niega o separa el pensamiento del sentimiento, lo que parece ser la base de Kundera en su afirmación para establecer su "siento, luego soy" en lugar del famoso "cogito, ergo sum".
Además simplificar el dolor de muelas a un circuito estímulo-respuesta con los conocimientos que ya teníamos en 1988 (año de publicación de su obra "La Inmortalidad" en la que acuña esta frase) es recurrir a una dicotomía en la que por simplificación ambas respuestas se han convertido en erróneas por ser sólo verdades parciales, ya que obviamente existen cuadros de dolor que ya no responden a una causa física.
Yendo algo más allá diría que es la frase corta despreciativa de M.Kundera: "pienso, luego soy es la frase de un intelectual que menospreciaba el dolor de muelas" la que remata la propia crítica, puesto que luego sigue desarrollando su línea de pensamiento pero utiliza otros términos mucho más genéricos como sufrimiento o sentimiento.
Así que Milan no ha ganado la batalla ni tampoco René: reparto de puntos. Cierto es, que no sólo somos lo que pensamos  Sr. Kundera, pero lo que pensamos puede condicionar todo lo que somos como ya intuyó siglos atrás Descartes.




Gracias a Sara, mi profesora de filosofía de bachiller y COU en La Salle: nunca olvidaré la filosofía que entonces aprendí pues supo introducirla en nuestras jóvenes mentes como un reto, el de aprender a pensar.

Pido perdón por mi osadía y prometo volver de inmediato a mi ciencia analítica o a mi marketing "low-cost".

Un saludo cordial

lunes, 28 de junio de 2010

Dolor Heterotópico

Con la situación económica actual los dentistas, acostumbrados a lidiar diariamente con el dolor, estamos viendo más casos y más graves. Obviamente, ante la escasez de recursos la gente intenta aguantar más y no acude ante una lesión indolora sino cuando ya no puede dormir siquiera del dolor que le provoca el estado de alguna pieza dental.

Coincidente con el aumento de estas urgencias diarias nos enfrentamos a fenómenos que enturbian la percepción del origen del dolor y hemos de establecer un diagnóstico certero para poder conocer y tratar dicha fuente.

Es decir que, no todos los días, pero sí muchos de ellos estoy frente a un/a paciente que asegura sentir un dolor en un molar superior cuando la causa está en uno inferior del mismo lado. Este hecho se conoce como dolor heterotópico (hetero significa distinto y tópico lugar, así que literalmente el nombre refiere un dolor sentido en lugar distinto a su origen verdadero).

¿Cómo se produce este fenómeno?
Imaginemos una lesión dolorosa en un molar inferior derecho (una pulpitis inicial o hiperemia pulpar). Para que seamos conscientes de este dolor se produce una activación de una terminal nerviosa en esta pulpa que viaja hasta el tronco cerebral para dejar la información dolorosa que vaya a centros superiores (tálamo y córtex) y sintamos dolor.
Como el paciente no hace nada por solucionar la causa inmediatamente, ésta información se sigue mandando por este circuito y se produce un fenómeno llamado sensibilización.
La sensibilización consiste en que la neurona adyacente a la que lleva la información del dolor primario al tronco cerebral se excita y empieza a transmitir también dolor por lo que ahora el cortex nos hace conscientes de dos zonas dolorosas distintas: la original (fuente del dolor o dolor primario) y otra localización del dolor (dolor heterotópico) donde no existe una causa del dolor aunque sí dolor.


¿Cómo actúa el/la dentista ante el dolor heterotópico o referido?
La primera regla de oro es que no se duda del dolor. Ningún especialista en salud del mundo puede costearse decirle a su paciente: "a Vd. no le duele".
El dolor es una experiencia sensorial muy profunda y nuestra obligación es diagnosticar y tratar, no juzgar si el paciente siente más o menos algo que nosotros no podemos sentir.
Para el diagnóstico del dolor referido de piezas dentales sabemos que normalmente si el paciente refiere dolor en molares superiores la causa estará en los inferiores y así en el resto de piezas dentales (incisivos con incisivos, etc...) y obviamente en las piezas en las que aparece el dolor como heterotópico no hay lesión primaria que explique este dolor mientras que sí que la existe en sus antagonistas.
Lo más difícil en las ocasiones en que se presenta este fenómeno es el hecho de informar al paciente de que ésto es absolutamente normal y que sólo tratando la fuente primaria acabaremos con ese dolor heterotópico. Al paciente, obviamente, le cuesta entender que para acabar con un dolor en una muela superior haya que tratarle la inferior, pero al final, si el tratamiento está correctamente basado en un buen diagnóstico y es ejecutado pulcramente, al eliminar el dolor el paciente acaba dando fe de que era cierto lo que le dijimos en su día (aunque seguramente lo olvide para la próxima vez que le ocurra).

En resumen y para acabar, el dolor es un síntoma diario en nuestras consultas y a la vez un tema de investigación arduo y en ocasiones complicado para el profesional puesto que se da por hecho por los pacientes que seremos capaces de eliminar su dolor y ésto sólo será posible si realizamos un correcto diagnóstico y tratamiento de su causa primaria que muchas veces está alejada de nuestros tratamientos más habituales e implican a más especialistas que el simple dentista.

Un saludo cordial